03 octubre 2012

La destrucción.

A mis costados, sin cesar, se agita el Demonio; 
flota alrededor mío como un aire impalpable; 
lo aspiro y siento que abrasa mis pulmones 
y los llena de un deseo eterno y culpable.

A veces toma (conoce mi gran amor por el Arte) 
la forma de la más seductora de las mujeres y,
 bajo especioso pretexto de aburrimiento, 
acostumbra mis labios a filtros infames.
 
Me conduce así lejos de la mirada de Dios, 
jadeante y rendido de fatiga, 
en medio de las llanuras del Hastío, profundas y desiertas, 
y lanza a mis ojos llenos de confusión 
¡vestidos manchados, heridas abiertas 
y el parto sangriento de la Destrucción!

Las flores del mal. Charles Baudelaire.