14 septiembre 2011

El cuadro de Dorian Gray.

—No existe eso que se llama una influencia buena, señor Gray.Toda influencia es inmoral: inmoral desde el punto de vista científico.

—¿Por qué?

—Porque influir en alguien es darle el alma. Ya no piensa sus propios pensamientos, ni se consume en sus propias pasiones. Sus virtudes no son reales para él. Sus pecados, si es que hay cosas tales, son prestados. Se convierte en un eco de la música de otro, en actor de un papel que no ha sido escrito para él. El propósito de la vida es el desarrollo de uno. Llegar a realizar a la perfección la naturaleza de uno, eso es para lo que todos nosotros estamos aquí. La gente se tiene miedo a sí misma hoy en día. Ha olvidado el más elevado de todos los deberes, el deber que se debe uno a sí mismo. Desde luego es caritativa. Da de comer al hambriento, y viste al mendigo. Pero su alma se muere de hambre, y está desnuda. El arrojo ha desaparecido de nuestra raza. Tal vez jamás lo hayamos tenido realmente. El temor de la sociedad, que es la base de la moral, el temor de Dios, que es el secreto de la religión: éstas son las dos cosas que nos gobiernan. Y no obstante... [...]
Y no obstante —continuó Lord Henry, con su voz baja, musical, y con ese grácil movimiento de la mano que había sido siempre tan característico suyo, y que ya tenía incluso en Eton—,creo que si un solo hombre viviera su vida total y completamente, si le diera forma a cada sentimiento, expresión a cada pensamiento, si hiciera realidad cada sueño, creo que el mundo ganaría un impulso de alegría tan nuevo que olvidaríamos todas las dolencias del medievalismo, y volveríamos al ideal helénico; a algo más exquisito, más rico, que el ideal helénico, quizás. Pero el más valiente de nosotros se tiene miedo a sí mismo. La mutilación del salvaje tiene trágica supervivencia en la autonegación que estropea nuestras vidas. Se nos castiga por nuestras negaciones. Todo impulso que nos esforzamos en ahogar incuba en la mente, y nos envenena. El cuerpo peca una vez, y acaba con el pecado, pues la acción es un modo de purificación. Nada queda después salvo el recuerdo del placer, o el lujo del arrepentimiento. La única manera de librarse de la tentación es cayendo en ella. Resístase, y el alma enfermará de anhelo por las cosas que se ha prohibido a sí misma, de deseo de lo que sus monstruosas leyes han hecho monstruoso e ilícito. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo tienen lugar en el cerebro. Es en el cerebro, y sólo en el cerebro, donde tienen también lugar los grandes pecados del mundo. Usted, señor Gray, usted mismo, con su juventud de rosa roja y su adolescencia de rosa blanca, ha tenido pasiones que le han dado miedo, pensamientos que le han llenado de temor, ensoñaciones y sueños cuyo
simple recuerdo puede manchar de vergüenza su mejilla...



El cuadro de Dorian Gray. Oscar Wilde.

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