20 diciembre 2010

La Princesa Prometida.

—Te amo —le dijo Buttercup—. Sé que esto debe resultarte sorprendente,
puesto que lo único que he hecho siempre ha sido mofarme
de ti, degradarte y provocarte, pero llevo ya varias horas amándote,
y cada segundo que pasa te amo más. Hace una hora, creí que
te amaba más de lo que ninguna mujer ha amado nunca a un hombre;
media hora más tarde, supe que lo que había sentido entonces
no era nada comparado con lo que sentí después. Mas al cabo de
diez minutos, comprendí que mi amor anterior era un charco com67
parado con el mar embravecido antes de la tempestad. A eso se
parecen tus ojos, ¿lo sabías? Pues sí. ¿Cuántos minutos hace de eso?
¿Veinte? ¿Serían mis sentimientos tan encendidos entonces? No importa.
—Buttercup no podía mirarlo. El sol comenzó a asomar entonces
a sus espaldas y le infundió valor—. Ahora te amo más que
hace veinte minutos, tanto que no existe comparación posible. Te amo
mucho más en este momento que cuando abriste la puerta de tu
choza. En mi cuerpo no hay sitio más que para ti. Mis brazos te aman,
mis orejas te adoran, mis rodillas tiemblan de ciego afecto. Mi mente
te suplica que le pidas algo para que pueda obedecerte. ¿Quieres
que te siga para el resto de tus días? Lo haré. ¿Quieres que me
arrastre? Me arrastraré. Por ti me quedaré callada, por ti cantaré, y
si tienes hambre, deja que te traiga comida, y si tienes sed y sólo el
vino árabe puede saciarla, iré a Arabia, aunque esté en el otro confín
del mundo, y te traeré una botella para el almuerzo. Si hay algo
que sepa hacer por ti, lo haré; y si hay algo que no sepa, lo aprenderé.
Sé que no puedo competir con la condesa ni en habilidades ni
en sabiduría ni en atracción, y vi la manera en que te miró. Y vi
cómo tú la miraste. Pero recuerda, por favor, que ella es vieja y tiene
otros intereses, mientras que yo tengo diecisiete años y para mí
sólo existes tú. Mi querido Westley… nunca te había llamado por
tu nombre, ¿verdad...? Westley, Westley, Westley, Westley... querido
Westley, adorado Westley, mi dulce, mi perfecto Westley, dime en un
susurro que tendré la oportunidad de ganarme tu amor.

La Princesa Prometida.William Goldman

1 comentario:

Armand dijo...

Lo leí cuando era muy pequeña y a penas me acuerdo :_O Lo tendré que volver a buscar!!